Nada en la nevera

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Archivo para domingo

Volcán de gorgonzola

Os presentamos una nueva improvisación exitosa de Nada en la nevera. Un arroz sencillo y sano para un momento de duda donde no se nos ocurra qué hacer y tengamos pocos recursos en el frigorífico.

Ingredientes (4P): 2 cebolletas grandes, 2 tomates de huerta maduros, 400 gr de arroz basmati, 1 pastilla de caldo y 100 gr de gorgonzola.

Sofreímos a fuego lento la cebolleta cortada a tiras con un poco de aceite hasta que adquiera un color transparente y empiece a dorarse; inmediatamente después añadimos los tomates cortados a dados y previamente escurridos y dejamos cocer con la sartén tapada. Cuando veamos que todo coge el color y aroma adecuado añadimos un poco de vino blanco y una hoja de laurel. Una vez haya reducido el vino añadimos el arroz y un diente de ajo entero hasta que todo se mezcle bien. Paralelamente habremos calentado el agua correspondiente con una pastilla o dos de caldo de cocido (o con un caldo comprado o preparado por nosotros); en el momento que el arroz esté bien mezclado con el resto de ingredientes añadimos el caldo y le damos unos 11-13 minutos de cocción a todo el conjunto.

Para terminar, una vez sirvamos cada plato, practicaremos un orificio en el arroz depositado en el plato y “enterraremos” una porción de queso gorgonzola del tamaño de una nuez. Servimos caliente con algo de albahaca y pimienta negra por encima. El que quiera le puede añadir algo de parmesano rallado si quiere hacerlo aún más italiano.

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Los domingos, paella.

Cuando uno se cree revolucionario y cosmopolita, cuando el ipod y la play se convierten un nuestro patio de recreo, cuando Internet es nuestro gran libro de texto, de repente llega un domingo y te levantas con ganas de hacer una paella. 

Tanto a los que les guste el fútbol como los que no (que algunos existen) recordarán con mayor o menor ilusión el “maravilloso” carrusel deportivo del domingo. Y digo recordarán porque a pesar que creo que aún lo emiten yo me quiero centrar en aquél que escuchábamos en el asiento de atrás, volviendo de la obligatoria cita familiar de los domingos: la paella. Y quien dice paella dice cocido en Madrid, migas en Teruel, arroz en Alicante, o bacalao en Bilibao. Una cita que era más o menos obligatoria dependiendo de la familia y las edades de los participantes. Librarse era privilegio sólo de aquellos que tenían exámenes en la universidad (me río yo de lo que mis hermanos estudiaran ese domingo). Una costumbre que se va desmembrando a medida que los hijos nos emancipamos y empezamos a crear unidades familiares independientes.

Nuestra generación a cambiado el domingo de paella por otro tipo de domingo, más urbano y menos interesante, y con otro tipo de estímulos. Sólo hay que pasarse por la Fnac un domingo por la tarde para ver de qué estoy hablando. Consumo, videojuegos, música (para elegir qué bajar de Internet), dvd’s y un paseo entre lo últimos móviles parece ser un extraño entretenimiento que practica gran parte de nuestra ciudad. El ipod, la play, el sofá, Internet, etc. son nuestros antiguos juegos de mesa, nuestro antiguo walkman y nuestra familia. Y la culpa no es nuestra. Vivimos inmeros en una vorágine de información que no anuncia domingos en familia. Anuncia nuevos dispositivos móviles que permiten trabajar en cualquier parte (que pesadilla), nuevos coches que nos llevarán a sitios increíbles a los que nunca iremos y nuevas cremas que nos harán no envejecer nunca. Con lo bonito que es envejecer.

En un escenario como este, tan mediatizado y tan moderno, parece impensable hablar de tradición. Parece complicado que la cocina tradicional perviva, por muchos libros que saquen -la cocina de tu abuela, comer como en casa, etc.- Estos libros no te cuentan los secretos que tiene cada padre y cada madre para que el arroz quede suelto, para que la sopa espese o para que te dejen cocinar tranquilo (imprescindible). Estos secretos hay que vivirlos, hay que buscarlos o preguntarlos, porque de lo contrario se irán con ellos y en un par de generaciones veremos como algo normal la paella precocinada de domingo.

Pues no. Contrario a lo que pueda parecer, no ocurre así. De repente, te levantas un domingo con ganas de hacer una paella. Tus raíces te llaman, sientes que si desaparece ese momento pre-paella (las papas, la cervecita…), el momento paella (ñam, ñam) y el momento post-paella (zzz…), desaparecerá parte de ti. Parte de lo que eres hoy en día se lo debes a esos ratos en familia.

Así pues te dispones a hacer tu primera paella de domingo y… bingo: no tienes paella para vitro. Tienes algo pollo pero no tienes conejo, tienes algo de verdura y algo de azafrán. Por supuesto no tienes caracoles, pero lo más importante: no tienes ni idea. Ver hacer mil paellas no significa en absoluto saber cocinarlas. A pesar de todo te lanzas, coges la sartén más grande que tienes, esbozas un caldo en condiciones, echas el arroz, y aquello tira. El resultado es una paella terrible: blanca, mojada y en sartén, pero sabe a paella, y eso te da ánimos. Quiere decir que es el principio de una gran amistad, que domingo tras domingo se irá estrechando esa amistad para conseguir la inalcanzable perfección, que no estará sólo en el guiso, sino en lo que tenga alrededor. 

Nota: seguiré practicando, estáis todos invitados cuando queráis. 

Artículo publicado en la revista Disey nº6