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Café con helado, la belleza de lo elemental

Poco hay que decir de los platos obvios, rotundos y sencillos. Nada que nadie no sepa. Las cosas básicas, un plato de embutido, una tortilla de patata o un café con helado, suelen conceder placeres desproporcionados con respecto a lo que cuesta acceder a ellos.

En este caso, un café con helado. Sin trucos, básico y elemental, pero con un par de detalles. El helado, sin complicaciones: helado de vainilla de mercadona, hacendado. Del baratito, no del que imita a häagen-dazs. Sí, aunque resulte dudoso; es así. El café, elemento esencial: un roma de nespresso. El orden, importante: se coloca una bola de helado en el vaso o taza y se dispone bajo la salida del siempre cremoso nespresso. Se deja fundir unos segundos y se sirve inmediatamente. Se puede espolvorear cacao en polvo si se quiere elevar al nivel de postre, pero como dicta el título su belleza radica en lo elemental del tema. No nos liemos.

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Penne rigate con queso azul, cebolleta y champiñones

Esta pasta hace verdaderos honores a nombre de este blog. Digamos que podríamos haberla hecho con cualquier otra cosa, pero de nuevo no había nada en la nevera y hubo que improvisar. El resultado debo decir que fue sorprendentemente agradable: una pasta suave pero con carácter, nada espectacular pero por encima de la media diaria. Os explico como fue: 

Ingredientes (para 2 personas):

Penne rigate (o cualquier otra pasta corta); 2 cebolletas medianas; una lata pequeña de champiñones (mejor frescos, claro); 100 gr de queso azul; 100 ml de nata líquida; 100 ml de vino blanco; sal, pimienta negra recién molida y parmesano rallado. 

Como veréis no tiene secretos. Por un lado se cuece la pasta el tiempo que indique el paquete. Yo suelo utilizar siempre pastas Barilla, la diferencia de precio es mínima y siempre sale buena si se cuece el tiempo exacto que indica el envase. No hace falta ni probarla. El caso, mientras se cuece la pasta preparamos el acompañamiento. 

En una sartén ponemos una cucharada de aceite y rehogamos la cebolleta que previamente hemos cortado en tiras finas, como deshilachada. Cuando tenga un tono translúcido echamos los champiñones hasta que ambas cosas estén un pelín doradas, pero sin quemarse. Salamos el sofrito y vertimos el vino blanco y dejamos que se evapore todo hasta que el sofrito vuelva a estar casi seco. A continuación añadimos la nata, un poco de leche para rebajar y el queso azul para que se derrita bien. Dejamos unos minutos al fuego para que la mezcla se funda del todo. Mezclamos la pasta con la salsa y listo.

Por último añadimos, ya en el plato, el parmesano rallado y la pimienta negra molida. Dados los ingredientes no le vendría mal un pelín de nuez triturada, pero eso queda al gusto del consumidor. 

Tomates al ajo

 

Esta receta no tiene mayor secreto que ser un apasionado de los tomates. No tiene complejidad alguna y podría decirse que es, prácticamente, como coger un tomate y servirlo en un plato. Sólo le añado un par de detalles para que el solitario tomate se vea enriquecido hasta convertirse en un auténtico manjar. Ni que decir tiene que la calidad del tomate es crucial en esta batalla, pero lo cierto es que el atrezzo mejorará cualquier género del que dispongamos. 

Ingredientes (para 2 personas)

2 tomates de tamaño mediano

Aceite, ajo, sal gorda y pimienta

Albahaca y parmesano

Crema de balsámico

Preparación

Cogemos un plato grande y llano, y echamos una gota de aceite (literalmente). Partimos un ajo grande por la mitad, y utilizando el aceite para que deslice, lo frotamos por todo el plato*. Esto nos dejara un ligero sabor a ajo que tintará ligeramente los tomates, pero sin repetirnos durante todo el día. Con el plato preparado disponemos los tomates en finos gajos como si fuera una tarta de manzana. Luego, sobre cada fila añadimos un hilo de crema de balsámico**, como si fuera el sirope de un helado. Después añadimos la sal gorda, la pimienta, la albahaca (con generosidad) y el aceite (de oliva virgen). Por último añadimos unas lajas pequeñas de parmesano, como si fuera un carpaccio. Mejor si es recién rallado, por supuesto, pero yo utilizo el rallado especial para pasta de Mercadona y funciona estupendamente. 

Eso es todo, ahora tenemos unos tomates con un ligero toque de ajo que pueden servir de centro, de aperitivo o incluso de cena ligera. 

*El truco de frotar el ajo por el plato lo aprendí de mi amigo Alberto Lacruz. Él lo utiliza en un carpaccio de champiñones que está de muerte y que otro día añadiré a este blog (con su permiso, claro). 

**La crema de balsámico era, hasta hace poco, un producto delicatessen. La probé en Bologna en 2005 y desde entonces me ha vuelto adicto. Sólo la encontré en El Club del Gourmet de El Corte Inglés, pero hace unos meses vi que la vendían en Mercadona y bien de precio. Es, básicamente, un aceite balsámico en crema. Es más fácil de aplicar a determinados platos y sobretodo ayuda a que los platos tengan mejor presencia en la mesa.